¿Qué es la procaína?

Es un anestésico local que lleva utilizándose desde hace más de 50 años por sus propiedades no tóxicas y por su compatibilidad con los tejidos. La procaína tiene la capacidad de restablecer la comunicación nerviosa perdida (1*).

LA PROCAÍNA: ALGO MÁS QUE UN ANESTÉSICO LOCAL

En 1930, cuando el Dr. Leriche comenzó sus estudios con la procaína, rápidamente se dio cuenta que podría tener un efecto más allá de su uso inicial en la cirugía al documentar que la inyección de la procaína podría beneficiar a los ancianos. Creyendo que la vejez y sus enfermedades, son causadas por un sistema nervioso que ha sido alterado por causas dañinas ambientales, el Dr. Leriche observó algo en la procaína que podía mejorar el daño ocasionado por el envejecimiento

El Dr. Luth continuó los estudios del Dr. Leriche en el uso de la procaína como un beneficio para los ancianos. En sus estudios, Luth administró procaína por medio de inyección a un gran grupo de prueba de pacientes geriátricos. Estos pacientes tenían alguna de las enfermedades más comunes de la tercera edad, incluyendo el endurecimiento de las arterias, artritis, enfermedades cardíacas y enfermedades del metabolismo. Después de administrar procaína por un periodo de tiempo, el Dr. Luth pudo observar cambios drásticos en la apariencia y el comportamiento de estos pacientes: se producía una mejoría de la piel, apareciendo más firme y mejorando la apariencia del paciente, así como también mejoraba los síntomas relacionados con sus enfermedades y la memoria, además de conseguir en estos ancianos una mayor sensación de bienestar.

EXPERIMENTOS DE LA DRA. ASLAN

La Dra. Ana Aslan era cardióloga en un instituto geriátrico de Rumania.
Durante su trayectoria, realizó un extenso trabajo donde observó que la enzima monoaminooxidasa (MAO ) iba aumentando con la edad, sobre todo a partir de los 30 años y que los niveles de esta enzima en personas que sufrían enfermedades debilitantes tales como la artritis, neuritis, arteriosclerosis, senilidad o depresión eran mucho más altas que lo normal.

La MAO inhibe la dopamina, la serotonina y la norepinefrina, unos neurotransmisores responsables de los sentimientos de placer, bienestar, serenidad y calma.

La Dra. Aslan realizó experimentos con ratas envejecidas, administrándoles el tratamiento con procaína para ver cómo se modificaban los niveles de MAO, y observó la disminución de este en las ratas tratadas con procaína en un 85% y en tan solo un periodo de tiempo de 2 semanas. Es decir, las ratas con los niveles disminuidos de MAO vivieron 21.2% más que las demás.

Durante los siguientes 15 años, la Dra. Aslan realizó un seguimiento exhaustivo en más de 100 pacientes que estuvieron tomando el tratamiento y el resultado fue el siguiente: el grupo del estudio tuvo un 29% más de esperanza de vida que el resto.

Con el paso de los años y con miles de pacientes tratados, la Dra. Aslan observó una mejoría de los problemas relacionados con el envejecimiento: artritis, neuritis, impotencia, deterioro mental, pérdida de la memoria, psoriasis, asma, angina de pecho, úlceras, arteriosclerosis, depresión, piel reseca y poco tono muscular, no deseo sexual, falta de energía, osteoporosis, hipoacusia…

Una investigación que no pasó desapercibida por la comunidad científica, como tampoco por la alta sociedad y las grandes personalidades que recibieron y siguen recibiendo este tratamiento.

Algunos inhibidores de la MAO se venden como medicamentos antidepresivos. La procaína probó ser un mejor inhibidor de la MAO que las medicinas de prescripción, que además producen en muchas ocasiones daño hepático, hipertensión, dolor de tórax y dolor de cabeza como efectos colaterales. Cosa que la procaína no ha producido estos efectos colaterales.

Los pacientes que reciben el tratamiento de las inyecciones de procaína afirman que tienen una mayor sensación de bienestar, que se encuentran más alegres y que mejora su memoria. La procaína puede asemejarse por tanto a un antidepresivo y un tónico cerebral. Además, también se ha visto que retrasa los procesos del envejecimiento como, por ejemplo, la caída del pelo, las canas, las arrugas y la piel endurecida.